Domingo, Septiembre 19, 2021
   
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Resistencia con insistencia

Los españolitos estamos atrincherados ante un maldito enemigo. Por ahora sólo podemos tratar de paliar las consecuencias lo máximo posible mientras esperamos que un día oigamos la trompeta que anuncia la llegada del 'séptimo de caballería' con la vacuna. Hasta entonces nos defendemos sin poder atacar y en esa fase es muy importante conocer los daños reales y ahí disponer de los test express son básicos. Supondrá un subidón de infectados, pero a la vez salvarán muchas vidas.

Escucho en la rueda de prensa de esta mañana al doctor Fernández Simón, del comité de gestión del coronavirus, que esos test permiten conocer en menos de veinte minutos si la persona es positivo, negativo o dudoso. Afirma que están llegando ya y es de desear que se consiga que puedan abarcar a toda la población.

Los síntomas del coronavirus, en determinados grupos de edad, no son muy evidentes, con lo que una persona puede tener el (maldito) virus y no saberlo, pero ser un 'arma de propagación'. Por ejemplo, si un miembro de un núcleo familiar de cinco personas está afectado, muy posiblemente los cinco terminen en la misma situación. 

Cuando los test se apliquen, realmente sabremos qué personas están afectadas y se podrá llevar a cabo su aislamiento, evitando el contagio. Ello supondrá, como es obvio, que la estadística de 'coronados' experimente una subida espectacular, pero también facilitará salvar las vidas de las personas con riesgo. Se podrán aislar personas y hasta poblaciones, como sucedió en China (y se debía haber hecho con Madrid), con lo que el Covid-19 se quedará sin carreteras para continuar.

Hasta que no se sepan las consecuencias reales, difícil se podrán hacer frente a los daños en espera de la vacuna, pues hasta que no llegue, la batalla no es ganable.

Mientras, a obedecer a nuestras autoridades por el bien propio y ajeno. Pedro Sánchez, el que preside esta nuestra España, anunció anoche la inminente llegada de 'la ola' del 'tsunami del Covid-19'. No hay que perder la esperanza y sí prepararse para superar esa etapa, por mucho que el temor o el pesimismo 'cabalgue' por nuestro (confinado) día a día.

Por otro lado, unos comentarios paralelos sobre lo que también se ve estos días aplicados en situaciones que eran noticiables fuera de los tiempos del 'coronavirus'.

- Si el Rosell no recupera su pleno funcionamiento hospitalario en esta situación, dudo mucho que alguna vez lo haga.
- Hace más de diez años dejó de funcionar el hospital Naval. Si sus instalaciones no sirven ahora ni se pueden habilitar de forma provisional para descongestionar el anunciado aluvión de pacientes con coronavirus, ¿qué sentido tiene mantenerlo en pie?
- Cuando pase todo esto, ¿se instalará de forma inmediata, como se anunció, el servicio de hemodinámica de 24 horas para los enfermos del corazón en el hospital de Santa Lucía?
- El despliegue y coordinación de las diferentes fuerzas y cuerpos de seguridad está siendo tremendamente elogiable hacia los españolitos en pos de cumplir las normas y evitar la expansión de la pandemia. ¿Seguirán en ese nivel después, cuando renazcan las oleadas de robos en distintas poblaciones?


 

La psicovirus se corona

El pánico por el coronavirus se ha disparado, pero quizás no venga mal hacer un ejercicio desde los filtros sanitarios, geográfico y del sentido común.

El miedo es libre y en este mundo existimos personas muy diversas, desde las aprensivas hasta los ‘pasotas’ o ‘vivalavirgen’. Sin embargo, ni calvo ni con tres pelucas. La Organización Mundial de la Salud ha declarado hoy al coronavirus como pandemia. Normal, pues recorre el mundo, pero en cada casa el caso tiene sus peculiaridades. 

Lo primero que quiero recordar es que estamos en el sureste español, no en Madrid. Vivimos en la mitad sur del país, donde la incidencia del coronavirus es mucho menor que en la norte y dentro de una comunidad autonómica con escasos casos confirmados y en una comarca donde la cifra es 0. Cuando en toda España llueve y aquí no cae ni una gota, el agua no llega aquí, por lo que tampoco tiene porqué venir el pánico de otras poblaciones. Así de simple.

Hay que tomar precauciones, pero dentro de la normalidad y en la situación de cada momento. Por ejemplo, lavarse las manos es higiene esté el coronavirus o no. Igualmente, cuando tenemos gripe o resfriados, debemos evitar el contacto con los mayores esté el coronavirus o no. Y así, más ejemplos. También entra en el mundo de la lógica evitar ir a lugares donde el virus está instalado, como hacemos cuando hay zonas en conflicto, que tratamos de evitarlas. También es normal que los profesionales de la sanidad lleven mascarillas (son para anular su propagación, pero no valen para evitar el contagio de su portador) para evitar transmitir el virus si lo han cogido en el contacto con otros pacientes.

Lo que no es normal es el pánico y su retroalimentación. Flaco favor están haciendo en este terreno las redes sociales y el ‘boca a oido’. Por La Unión ya ha circulado que hay dos casos ‘confirmados’. A la hora de redactar este artículo, es un bulo y lo único que causa es daño. Valga como ejemplo lo que sucedió hace unas fechas en Totana. Un internauta lanzó el comentario de que uno de los propietarios de una ‘tienda de chinos’  había sido contagiado. Las ventas se hundieron en el establecimiento y el causante del mensaje tuvo que convocar una rueda de prensa para pedir disculpas, además de jugarse una demanda. La desinformación es casi peor que la propia epidemia, por eso, los vecinos deben centrarse únicamente en las noticias vertidas por las autoridades sanitarias y por los auténticos medios de comunicaciones.

Tampoco será extraño que por estos lares aparezca algún contagiado antes o después. Eso no supone que detrás vayamos todos.

Luego están las suspensiones de actos. Unas son por órdenes de la autoridad superior y otros por decisiones de los organizadores. También los hay que deciden mantener su celebración. Todos son respetables y tienen sus razones, pues cabe recordar que las autoridades imponen decisiones unas veces y en otras lo que hacen es dar recomendaciones.

Entiendo el miedo de los que han decidido anular sus actos. Unos los hacen convencidos y otros reconocen, en privado, que no ven tanto peligro, pero que casi se ven obligados por si en esa actividad se diera un caso de coronavirus. Por muy leve que fuese, “se nos caería el pelo”, expresaba uno a este diario, que ha optado por ‘curarse en salud’.

Pero también hay que entender casos como el de la Cofradía Marraja de Cartagena. Esta semana se están celebrando los actos en honor a su titular, Jesús Nazareno, y han decidido mantenerlos pero avisando a las personas mayores o con riesgo en casos de coronavirus, al igual que aquellos que hayan tenido contacto con lugares o personas afectadas, que eviten acudir a estos actos, incluido el multitudinario Miserere de este viernes. Y también comprendo que quieran apurar las posibilidades de celebrar la Semana Santa, pues, como dicen, no tiene sus fechas y no es trasladable en el calendario.

Si nos ponemos ‘a la tremenda’, habría hasta que prohibir ir a los supermercados, donde cada día circulan miles de personas. Seamos sensatos con la situación real a día de hoy. Prevenir, sí; psicosis, no.

Pensemos también que existen ‘brotes verdes’, como que en China, el foco de todo esto, se está controlando la epidemia y que los hospitales se están vaciando. Hay muchas voces de la medicina que auguran que la llegada del calor con estabilidad a España acabará con el coronavirus y que cuando vuelva el frío pasará a ser, similar, a una infección respiratoria más. Recordemos que la gripe estuvo presente en 6.300 muertes en España en 2019 y más del doble en el año anterior. 

Todo lo que digo es opinión, por lo que conozco, pero lo mismo resulta que estoy equivocado y que todo está ‘ferpecto’.
 

 

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