Lunes, Noviembre 28, 2022
   
Texto


Plegarias olvidadas en la Rosa de los Vientos

Cuadros nacidos de anhelos soñados en mitad de la tormenta,

donde las lágrimas se confunden con el mar y se alejan

formando olas multicolores que buscan orillas donde arribar.

Se disiparon los temores, callaron los lamentos,

marcharon los penares que dejaron los recuerdos;

solo un reproche prendido en la estrella de los sueños,

¿Porqué olvidar el beso de la condena, si solo él al alma consuela?

Desnudo en este presente que me asalta,

aterido por el frío de tu ausencia,

busco, abrumado por mañanas empeñados en llegar,

otro instante para ser una sombra

donde la noche me olvide dejándome vagar.

Acudo penitente devoto al azul de tu mar,

sentado en la orilla que dibujamos con nuestros cuerpos,

esperando la ola que me halle y me hable de ti;

regreso al altar de tantas pasiones y promesas,

ansiado tálamo donde aplacar esta sed de amar,

de nuevo a orar dejando sobre la estela de tu partida

una plegaria olvidada en la Rosa de los Vientos

para que no te aleje;

quedando mi alma a la tuya prendida

si por ciega e irremediable locura fuera callado mi grito,

en la inmensidad de este atronador silencio.

 

Abrazos de ternura

Es la llamada tranquila, la serena quietud del verde de los campos;

la paz acurrucada en las olas imaginadas de este mar en calma;

el silencio del aire que acaricia el momento,

y la fragancia de la rosa que te regala la palabra amor.

Instantes de ternura bañados de ilusiones,

paseando por veredas abrazados a lo que somos;

dejándonos llevar del impulso guiado por los sueños

en busca de lo que siempre, acaso sin saber, deseamos.

Es la vida el anhelo que espera entre el alba y el ocaso,

el manto de esperanza dejado por la noche,

mientras la Luna susurra dibujando la palabra Paz;

es la verdad que no se entiende, aquella por la que se suspira;

y la mentira que se desdeña con la fuerza del silencio

preso de la cólera hija de la herida.

La ternura que nos llega y nos besa,

y nos deja acariciar el terciopelo de los colores;

la que llama callada tras la lágrima perdida;

la que busca un remanso en el río para dormir,

aquella que enseña a perdonar hablando de ti;

la que nunca marchó, la que siempre esperó

tapada de la rabia y el desconsuelo;

la que llena tus manos de motivos para luchar,

aquella que quiere dejarse abrazar.

 

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